HACIA UN MANIFIESTO CIUDADANISTA

 

Es evidente que el CIUDADANISMO tal como lo entiende todo el mundo, es decir en aquello en que todos concuerdan, está llamado a ser una IDEOLOGÍA cuyos pilares han vislumbrado con bastante mayor claridad sus detractores que sus partidarios. A los primeros hay que remitirse necesariamente para delimitar el territorio ideológico, para dejar meridianamente claro lo que no es. Y para el desarrollo de lo que es, tendremos que emplearnos a fondo los que vemos en el ciudadanismo un enorme potencial para poner freno al abuso institucional del poder.

Es que con la dilatadísima y solemnísima exhibición del espejismo irrefutable de la colectividad como vía superior a la igualdad, a la libertad y a la felicidad, el que salió de la Revolución francesa como ciudadano, se ha ido dejando mordisquear la merienda por el poder constituido; y ahora, justo ahora acaba de darse cuenta de que rescatar su plena condición de ciudadano frente al poder, se ha convertido en la más urgente y digna tarea política.

Esa música todos la tarareamos; y eso está bien para cantarla bajo la ducha, pero no para un recital. Es preciso fijar la melodía con todas sus variaciones y acompañamientos, y es imprescindible ponerle letra. Y eso, obviamente no es tarea de cuatro teóricos, sino que hay que conseguir poner a tocar a toda la orquesta y a cantar a todos los coros. Sin desdeñar a los solistas, claro está.

El resultado de esa movida será el MANIFIESTO CIUDADANISTA.

 

 

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